El acceso a la educación superior de sectores vulnerables

En tiempos donde la discusión seguramente va a estar en los financiamientos, lo público, lo estatal, la calidad, y esas cosas, yo quiero compartir una experiencia, relacionada con todo esto que se discute y se va a seguir discutiendo un largo rato, que tal vez parezca no tener mucho que ver, pero tal vez esté en el corazón.escalera

En el Ministerio de Educación existe un programa que tiene por objetivo potenciar a estudiantes que pertenecen a liceos de sectores denominados  “vulnerados”, para que continúen estudios superiores. Participar en este programa pone en juego a cada rato las creencias y sobre todo los prejuicios.


Se trata de orientar a los estudiantes a buscar caminos diversos y que estén basados en lo que les interesa, con lo que se sientan contentos, no para elegir carreras “exitosas”, mirando solo las remuneraciones

Hace dos años que estoy en esto. Partiendo nuevamente, como muchas otras veces en mi historia laboral, tal vez con muchas más preguntas, sobre todo porque si bien habitualmente me he movido contra la corriente, esta vez además es cuesta arriba.Los estudiantes beneficiarios de este programa vienen de liceos, que en su mayoría, porque hay algunas excepciones, reúnen a los jóvenes de menores recursos económicos de cada una de casi todas las comunas del país. No tener recursos económicos no es lo único, en general su capital cultural es diferente; en la mayoría de sus familias no hay padres, ni hermanos mayores que hayan accedido a estudios superiores y particularmente en universidades; en muchos de estos liceos tampoco hay experiencias previas. Por lo tanto, es un tema que no se encuentra entre las proyecciones para sus etapas postsecundarias.

Hay antecedentes de iniciativas similares a ésta, nada es absolutamente nuevo ni original. Hay experiencias de instituciones de educación superior, que durante largo tiempo han ofrecido y otorgado ayudas de diferentes tipos para estudiantes que provienen de liceos de diferentes partes del país para incorporarlos a sus casas de estudio. Hay experiencias exitosas de estudiantes destacados que han logrado estudiar y titularse en estas casas de estudio y son ejemplo para otros.

Pero lo que estamos haciendo es diferente. Por eso su complejidad y también, por eso este programa pone tensiones nuevas, muchas cosas que hacemos no son fáciles, implican un nuevo paradigma, y eso es algo que nos remueve. Nos pone desafíos distintos, nos interpela, nos demanda y nos obliga a pensar.

En primer lugar, cuando llegamos a los liceos nuestro trabajo es con todos los estudiantes y las comunidades de los liceos. No buscamos solo a los mejores, a los destacados, a aquellos que tradicionalmente han sido reconocido como exitosos entre sus compañeros.

Se trabaja con los docentes, los equipos directivos, las comunidades educativas y para muchos de ellos también es muy difícil visualizar otras oportunidades para sus estudiantes. El peso de la marginación está muy presente.

Si bien el resultado más inmediato del proceso de acompañamiento a los liceos , será que un grupo de sus estudiantes accederá a cupos garantizados en la educación superior (universitaria o técnico profesional) el trabajo realizado tendrá resultados en toda la comunidad y habrá abierto caminos diversos, probablemente desconocidos para ellos. La educación superior no es lo único. Los y las estudiantes exploran en sus intereses tanto educativos como para la vida en general, conocen sus propios talentos y posibilidades de formación y de trabajo para el futuro post secundario.

Otra de las facetas del programa, es que quienes trabajan  con los liceos son instituciones de educación superior, universitarias como también institutos técnico profesionales y centros de formación técnica, todos con un objetivo común y un novedoso concepto solidario, ya que los estudiantes al término de su enseñanza media podrán postular a cualquiera de las instituciones que participan en el programa.

Trabajar con los liceos implica una mirada colectiva y son el eje los estudiantes, ya que las instituciones no solo intenten buscar más matrícula para sí mismas, sino que deben poner a los alumnos primero, considerar sus intereses y deseos, orientarlos para que desarrollen esos talentos que les ha apoyado a encontrar. Por lo tanto, eso puede significar que sus intereses estén en otra institución, allí se ofrezca lo que buscan y no en la nuestra. Este es uno de los enormes cambios paradigmáticos, si de lo que se trata, como lo dice el objetivo del programa, de restituir el derecho, lo primero entonces será el respeto por lo que los y las estudiantes decidan y quieran.

Por eso decía al comienzo, es cambiar el sentido profundo de cómo concebimos a la educación y el rol de los que educan, no trabajamos para fines particulares, lo hacemos para cumplir con el rol que debemos desempeñar.

Y por último, otro gran objetivo, no menos complejo. Que las instituciones se hagan cargo, mientras sea necesario, de apoyar a los estudiantes que ingresan, para que transiten y salven todas las dificultades que indudablemente encontrarán en sus primeros años de estudio. Hacernos cargo de esto, tal vez hará reconsiderar la manera en que formamos a los profesionales, la manera en que organizamos las mallas curriculares y muchas de las creencias y los supuestos con que miramos la formación terciaria.

Tal vez esta tensión nos haga reconocer la diversidad que existe en los estudiantes y que no solo se relaciona con las brechas de entrada sino con el mundo en el que vivimos hoy.

Se trata de pensar en el aprendizaje y cómo ocurre, de la pedagogía, de la enseñanza de los jóvenes-adultos que tienen formas particulares de aprender y que muchas veces ignoramos.

Se trata también de pensar en quienes enseñan en los niveles de educación terciaria. Quiénes son, cómo lo hacen, cómo evalúan y lo más importante para qué.

Se trata de pensar en el sistema educativo como la trayectoria real de la que tanto hablamos, los estudiantes recorren un camino continuo, que cada fase o nivel no son compartimientos separados incomunicados entre ellos.

Se trata de orientar a los estudiantes a buscar caminos diversos y que estén basados en lo que les interesa, con lo que se sientan contentos, no para elegir carreras “exitosas”, mirando solo las remuneraciones. Se trata de mirar qué sociedad es la que estamos construyendo.

En fin, se trata de mirar la educación como la oportunidad de crecer, ser felices, generar comunidades y comprometerse con los otros.

Es un mundo nuevo, o tal vez antiguo, el que se nos olvidó y que debemos recuperar.

Estos dos años que he trabajado en el PACE, sobre todo conociendo a los miles de jóvenes que forman parte del programa, siento que si nos ponemos de acuerdo y lo hacemos bien, habrá un cambio importante y sobre todo, que si lo hacemos bien se cumplirá el último objetivo no declarado, porque ya no se necesitará ni éste ni otros programas como éste.

Este es solo un programa, que tal vez tenga éxito, o tal vez no todo el que esperamos… pero que no puede dejar a ninguno de los que estamos aquí indiferentes a lo que nos ocurre.

Si tiene éxito habremos dado entonces el gran paso, porque esta etapa de transición en la cual estamos reparando aquello que nunca debió romperse, ya no será necesaria. Porque todos y todas las estudiantes podrán decidir libremente para su futuro lo que más les guste, lo que quieran hacer en sus vidas para formar parte y construir una sociedad distinta

 

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