¿Qué significa la palabra “alfabetización digital”?

 
 

A lo largo de estos meses, hemos presenciado el poder de las redes sociales como un elemento que nos ha llevado a experimentar cosas negativas. Ejemplos hay muchos. Podemos referirnos a lo sucedido entre estudiantes de una prestigiosa universidad que utilizaron Whatsapp para copiar en una prueba, o a la irracionalidad que surgió en parte de la sociedad santiaguina ante un posible desabastecimiento de combustible, debido a un falso rumor que corrió a través de esta misma herramienta.

La raíz del problema no se encuentra en la herramienta. Está en la falta de conciencia individual, social y cultural en torno a qué son las tecnologías y cómo las usamos. En otras publicaciones de este blog he hablado acerca de la naturaleza de las tecnologías informáticas. Son herramientas. Como tales, sus beneficios o perjuicios dependen de cómo las utilicemos. Las tecnologías han llegado para quedarse en el mundo y en nuestro país. El acceso a redes sociales y sistemas de mensajería en línea se va ampliando cada vez con mayor velocidad. Sin embargo, carecemos de un proceso reflexivo que nos impulse a utilizarlas con sentido.

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Existen expertos que se han referido a la existencia de nativos e inmigrantes digitales. El primer grupo está constituido por aquellas generaciones que han nacido rodeadas de estas tecnologías (en un comienzo, los video juegos, la televisión, para luego crecer junto  a Internet y aplicaciones móviles). Estos expertos afirman que las nuevas generaciones manejan la tecnología fácilmente, ya que han nacido y crecido junto a éstas. En contraposición a los nativos, se encuentran los inmigrantes digitales, quienes no nacieron rodeados de las tecnologías informáticas y, por tanto, no han desarrollado la lógica digital que les permita manejarlas e interactuar con otros de una manera más dinámica. Sin embargo, los nativos, por estar constantemente rodeados de estas herramientas, junto a aspectos positivos de su uso, han desarrollado características negativas para ellos mismos y su sociedad. Son menos reflexivos, menos tolerantes a la frustración y están acostumbrados a lo inmediato y a lo desechable. A partir de esta realidad surge un dilema ¿Esas características negativas recaen en la responsabilidad de quién? ¿Son los nativos los que están minando la forma en que interactuamos a través del ciberespacio o hay algo que no estamos realizando los inmigrantes?

El problema se complejiza aún más cuando los inmigrantes empezamos a convivir en este mundo virtual sin conciencia. Y aparecen dos perfiles: aquél que intenta utilizarlas pero no comprende cómo hacerlo de manera efectiva, o aquél que, al no conocer esta nueva realidad interactiva, dinámica y compleja, se agobia, niega su existencia o la deshecha. Y es natural que sea así. Como no sabe manejar estas herramientas, “como el poncho le queda grande”, prefiere no conversar con sus hijos acerca de las tecnologías que emplean y cómo las emplean.

Además de todo lo que se ha descrito, los adultos somos un modelo para las nuevas generaciones. Si estamos en el grupo de inmigrantes digitales que utilizan las nuevas tecnologías de manera inconsciente, nuestro proceder influirá de una u otra manera en su actuar futuro. Si los niños y jóvenes ven que sus padres están en la mesa conectados al teléfono celular y no conversan con su familia; si estos niños y jóvenes ven que sus profesores hablan por teléfono o chatean en clases, ¿con qué derecho podemos exigirles que interactúen de manera adecuada en el ciberespacio?

En definitiva, es la falta de alfabetización digital lo que nos ha llevado a vivir de manera inconsciente en la Web. La mayoría de las veces tendemos a asociar “alfabetización digital” únicamente con manejo de las nuevas tecnologías. Sin embargo, este concepto es más profundo. No sólo se refiere al manejo, sino a su uso efectivo, esto es, con sentido crítico. A esto apunta el concepto “Ciudadanía Digital”, a evaluar las nuevas tecnologías y buscar formas de aprovecharlas como herramientas para la construcción y no para la destrucción.

Lo anterior se extrapola al mundo educativo. Los profesores somos inmigrantes. Es natural, por tanto, que nos sintamos agobiados por las nuevas tecnologías y desorientados sobre cómo impulsar un uso crítico, cómo educar a nuestros estudiantes para que aprovechen sus ventajas y dejen de lado sus aspectos negativos. Es natural sentirnos de esa manera, pero también es importante que reconozcamos, junto a los padres, nuestra responsabilidad de hacernos cargo del problema. Como no nos encontramos alfabetizados, nuestro primer paso se encuentra ahí: entrar sin miedo en este nuevo entorno, conocer la nueva dimensión de coexistencia social, aprender acerca de sus lógicas de funcionamiento, para luego evaluar cómo puede ser empleada en aspectos que nos fortalezcan como sociedad.

¿Cómo podemos hacerlo? Buscando instancias de apoyo que nos ayuden a “alfabetizarnos”. Mientras realizamos ese proceso, podemos buscar espacios dentro de nuestra asignatura que se puedan ver potenciados por el uso de una nueva tecnología (en este blog existe una sección llamada “estrategias pedagógicas”, que comparte experiencias exitosas y que pueden ser replicadas) ¿Por qué se recomienda realizar esto? Existe un fundamento. Cuando los alumnos empiezan a utilizar la tecnología con fines constructivos, tienen la posibilidad de reflexionar y evaluar acerca de sus beneficios y perjuicios. Al vivir una experiencia positiva, poco a poco preferirán los beneficios por sobre las desventajas.

En Chile existen docentes que han impulsado numerosas experiencias exitosas basadas en la integración de nuevas tecnologías en el aula. Sin embargo, por diversas razones, la mayoría de esas experiencias quedan circunscritas a ese contexto de aula y no son compartidas. Ahí radica la importancia de estar conectados, compartir, dialogar e ir buscando respuestas en torno a formas efectivas para ayudar a los jóvenes a que en el futuro puedan ser un aporte para su sociedad. Alfabetización digital, entonces, considera tanto el manejo como el uso crítico de las nuevas tecnologías. Los nativos manejan las nuevas tecnologías, pero muchos de ellos no se encuentran alfabetizados, ya que, al igual que los inmigrantes, navegan de manera inconsciente en este nuevo entorno de coexistencia social. El desafío para los adultos es claro: alfabetizarnos para formar una Ciudadanía Digital.

 

 

 

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